jueves, 24 de septiembre de 2015

Hasta siempre.

Cuando tenía 12 años comencé a escribir por hobbie. Instalé en mi mesa de noche una pequeña oficina con hojas amarillentas y un lapicero azul de esos que uno desea que no se acaben nunca porque la tinta es hermosa y los trazos salen nítidos como rayos de sol.

Comencé a escribir de mis nefastas aventuras de amoríos absurdos a los 16 y me di cuenta que escribir no solo es un arte sino es más como una vocación. No es para todos poder colocar palabras a lo que se siente y mucho menos que tenga algún sentido, alguna dirección.

Aprendí pues que soy una escritora más.

Hasta que la conocí.

Cuando uno como autor (autora, en este caso) cuenta con la gloria de topar con una musa, la vida de narrador cambia.

La vida cambia.

Y la encontré a ella un día Dios sabrá cuál. La encontré sonriente y carismática, con sus retazos serios, sus matices pensativos y sus palabras profundas. La encontré del color perfecto, de la estatura ideal y con el cuerpo que me gusta. La encontré.

Y llegó el día que me hice esclava de sus labios suaves, de sus filosos dientes, de la agilidad de sus manos tersas, de su gusto por el tabaco. Me enamoré como una vil novata de aquellos ojos rasgados.

Le he escrito quizás el porcentaje mayoritario de todo lo que he escrito en mi vida, de lo que he podido componer y la he evocado en cada palabra que susurro con mi voz cuando le canto. Y ha sido un placer enorme complacerle con mis necedades y ha sido un atardecer que ha durado años.

Doce años después del primer escrito he decidido retirarme de este rumbo poco visitado. No porque me importe la fallida fama del escritor con la que soñaba mi yo de doce años, sino porque todo tiene un inicio y un momento de acabarlo.
Las historias que se encierran en este pedacillo de internet son de historias de seis maravillosos años, de peleas, de gritos de llantos. De alegrías inexplicables, de todos los días que te he amado.

De todos los viajes en mi cabeza que hemos dado.

A vos te dejo todas las cosas que no te digo porque soy una marica y solo aquí me he atrevido a gritarte, a golpearte los labios con mis besos, a sumergirte en mi locura, a enfurecerme con la rabia con la que te he escrito llorando. Las innumerables veces que te he escrito con tragos, con risa, con dolor, con mi vida y con todo mi amor.

Y con total franqueza te agradezco por ser mi inspiración para tanto que no me alcanza la vida ni el idioma para contarte (o cantarte). No tengo palabras por tantos años, porque todas te las dije y todas se quedan aquí.

Las historias que siguen seguro las escribiré en el segundo libro que haga, pero espero que nunca dejés de leer el primero.

Que nunca dejés de leerme primero.

A cada persona que ha cruzado con esta muralla de palabras apuñadas, gracias.
A cada persona que ha aportado a esta historia, gracias.

Y a vos ¿qué más podría decirte? Siempre tengo un beso para vos, un abrazo de oso, un estúpido monólogo inventado y mi amor en cada palabra que te dejo aquí.  

A vos te agradezco permitirme los días que hemos andado burlándonos de los obstáculos de la mano.

A vos te amo por siempre.


A vos gracias por estos inigualables cinco años. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

19 de Agosto.

Todo tiene fecha de caducidad, hasta las ganas. El día y las horas de la semana. Las estrellas y la arena entre la espuma espesa de la corriente del mar.

Todo se termina algún día. Los besos, las caricias, las miradas a tus pupilas que me encantaban.  Los días que paseábamos, la cerveza que tomamos, la ropa que nos quitamos.

Y es que decirte las cosas es tan complicado desde que te fuiste, porque me quedé encerrada entre mis pensamientos y mis canciones, el libro que te hice y los acordes que no escuchaste. Y los versos que no dijimos, y los lugares donde no fuimos, las veces que no tomaste mi mano, las veces que me evitaste.

Las veces que me evitaste…

Se hace tan real no verte y los días pasan y las semanas y luego me di cuenta que fue todo el mes. Soñándome con toparte en un semáforo, en fumarnos otro cigarro, en abrazarte sin que nadie nos vea, que a fin de cuentas así siempre era mejor.

Todo se acaba eventualmente, el café, los días atardecen, las estaciones del año llegan y se van. Los lugares escondidos en tu piel, el sonido de tu risa mezclada con la mía, los días que estabas y los que no.


Al final todo se acaba. Al final eras vos y era yo.  

domingo, 9 de agosto de 2015

2.0

Creer que te entiendo es la peor mentira que podría lanzar al viento. Nunca he comprendido cómo es que tus ojos tienen esa profundidad tan hermosa, llenos de magma de enigma, de silencio y de palabras agitadas. Si pudiera conocer el mínimo detalle de tus ojos sabría por qué se fueron contigo. Con los días que pasan y se quedan las horas pegadas entre las paredes de las pequeñas ciudades por las que camino.

Tal vez siempre resulta más sencillo creer que se tienen las respuestas a las preguntas mentales, pero en el fondo no las sé. En el fondo siento un vacío tan grande como los precipicios de todos los miedos juntos. En el fondo siento que no supe nunca leer las señales, los colores, nunca supe caminar a tu lado sin tener miedo a que el suelo se desplomara a nuestros pies.

Sabés de esas galerías con paredes blancas y esferas de piedra, esculturas de mármol, pinturas que uno no entiende y copas de vino a un lado. Así tengo la cabeza todo el día, estancada en el arte de tu cuerpo que no entiendo, en el sonido de tu risa haciéndome eco en las cócleas, en tus manos protectoras hechas pinturas de óleo que se desintegran por las paredes de mi blanco lienzo.

Perdiéndome entre copas de vino, soplando el humo que llena el espacio que era tan nuestro. 

Amarte

Amarte es una aventura loca. Una de esas historias que comienzan en un lugar lejano y terminan en el menos pensado. Amarte es una experiencia única en el mundo, un curso de irrealidad y mitología, un mar sin conchas ni sal.

Amarte es desmoronarse en copos de nieve sobre la cama. Arrinconar el oxígeno cada vez que te veo pasar, cada vez que venís, cada vez que te vas. Deja cicatrices de tanto en tanto y deja tu olor impregnado como lirios del mar.

Amarte es como el té inglés al desayuno, como el sol naciente entre las montañas verdes, como pájaros cantando, como los días en los que estás.

Amarte es saber que todos los días me queda menos a tu lado, como saber que amanece y también atardecerá. Amarte me está prohibido once meses al año pero amarte es la constante que nunca se va.


sábado, 11 de julio de 2015

11

De tanto que uno siente de repente le aprieta la garganta y los músculos de la mandíbula. Se secan las manos, se acelera el corazón y las pupilas se dilatan al ritmo de cada palabra que llevo dentro.
Me acicalo las marcas de la cara con cada frase que te quiero soltar cuando te tengo de frente y solo logro verte de arriba y luego hacia abajo. Mientras me quedo atónita de tener un semblante tan abrumado cuando tus ojos se clavan en los míos y siento que me lees la mente. Como algún día lo hiciste.

Si fuera por mí te diría todo esta misma noche, pero de repente me salen las letras a cuenta gotas. Sudo frío y me da por cantarte hasta la hora del día. Me da por escucharte en mi cabeza repasando las noches que me perdía en tu piel caramelo y tus labios adictivos. Ojalá algún día me deje de pasar.

De tanto en tanto me da por acordarme de las peleas tan absurdas, de los besos escondidos, de las caricias que no nos dimos. A veces siento que puedo tocarte de lejos, la cintura que me fascina estriparte suavecito al son de tu respiración cortada. Envenenarte el cuello con mis besos, sujetarte suave del pelo y narrarte al oído lo que sigue.

Porque todo sigue. Porque nada se va.

domingo, 7 de junio de 2015

07

Vamos a vernos a los ojos y a continuar nuestra vida cerrando las puertas que abrimos hace tiempo ya. Apaguemos las velas y acostumbrémonos a que las cosas así deben quedar, enterradas entre el silencio tan inmenso que propone esta oscuridad.

Pretendamos que no queremos retroceder el tiempo hasta el irreverente noviembre que construimos, a las montañas con luces, a los paseos escondidos entre el viento. Las cervezas en tu carro, el calor de lugares desconocidos, las cataratas del camino, tus besos y los míos.


Así se me pasan las noches recordando como un amante olvidado, negligente. Desperdiciando lágrimas que me callo y me escondo, reprochándome el tiempo perdido, el piso de este final tan hondo. 

martes, 19 de mayo de 2015

Silencio

Ladrillos grises en el suelo, el boulevard donde más me gusta caminar cuando llueve mientras la sombrilla aguanta las gotas de este país tropical.

Ser parte de este mundo es acostumbrarse a la velocidad del viento que nos toca recibir en la cara, somos arena soplada por ahí, somos los sueños que viajan en nuestra cabeza a la velocidad del sonido. Los míos iban a la velocidad de tu voz.

Cuando me detengo en el peatonal veo los carros que pasan a ver si coincidimos, como un par de veces, tal vez una vez más. Y sonrío de la idea tan absurda, hace frío, eso es.

Verde. Abrazo la colilla del cigarro con más fuerza, quisiera recuperar mi sweater azul, pero ya no sé ni cómo. El resto se volvía costumbre, como poco en este amorío tan extraño.

El café me sabe igual, las tostadas y el beso frío en el cachete. La mirada clavada en su celular, Frívola sin decir mayor palabra. A veces cuelga una sonrisa desinteresada de algo que lee. Y así siguen las noches, hasta quién sabe cuál solsticio.


Se lo dije mil y una vez, el miedo que tengo a los tsunamis. Esta vez es una ola inmensa de silencio, de apaciguamiento. Una devastación inclinada a dejarnos sin nada más que decirnos, por ser tan cobardes las dos, o solo por la idea, de llevar esta triste fiesta en paz.